Los momentos de reflexión nos hacen retornar
al camino transitado. Ver lo que hicimos, lo que estamos haciendo
y los proyectos
futuros.
Un ejemplo de lo expuesto es la cardiología intervencionista. El brazo
terapéutico que nos ha lanzado desde el diagnóstico a la especialidad
que nos permite tratar y solucionar entidades nosológicas que en el pasado,
irremediablemente, buscaban su alivio o su curación en los pabellones
de la cirugía cardiaca.
Imagino al Dr. Rashkind, pionero según mi apreciación, desde el
momento en que su preocupación lo llevó a idear el balón
para la septostomía auricular. Igualmente al Dr. Brockenbrough con sus
cateterismos transseptales, abriendo la posibilidad del tratamiento intervencionista
en la patología valvular mitral. Todo esto, llevó a la aplicación
de diversas disciplinas científicas, conjugadas en la bioingeniería,
para crear implementos diagnósticos y terapéuticos en función
del desarrollo de nuestra actividad.
Los beneficios de la medicina, debidos a tratamientos sumamente
complejos, no accesibles para muchos pacientes -por razones de
salud (entiéndase tolerancia
al procedimiento) o razones económicas- se materializaron como una pronta
solución para el alivio de sus problemas cardiovasculares. Nuestros procedimientos,
con su prontitud y menor tiempo de hospitalización, favorecen los costos
operacionales y el tiempo de recuperación de los pacientes.
Importante recordar: la cirugía tiene y tendrá un valor incalculable
en beneficio de los mismos. Muchos casos están más allá de
nuestras posibilidades. Es nuestra obligación, además de inteligente,
reconocer su jerarquía e importancia. Invadir su terreno, ponderando nuestras
indicaciones más allá de lo debido, producirá resultados
adversos para los pacientes y la especialidad como tal.
Este conjunto de ideas nos ha llevado a crear la Sociedad Venezolana
de Cardiología
Intervencionista (SOVECI), como órgano para la promoción científica
del personal médico y técnico (incluyendo la enfermería),
dedicado a nuestra especialidad.
Texto original del Dr. Pedro Hidalgo M (Edo. Zulia, Venezuela).
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